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Su padre sacó el carné para llevarla a la escuela

El testimonio

– Su padre se sacó el carné de conducir para poder llevar a sus hijos a la escuela de Algeciras.

A finales de los años setenta, la mayoría de los niños de La Ahumada iban a la Escuela Hogar. Aquí nunca ha habido transporte escolar, así que si los padres no podían llevarles o pagar el transporte, se quedaban quince días o tres semanas en la Escuela Hogar. Muchos dejaban le colegio muy pronto y no acababan el graduado. No tenían motivación para seguir estudiando. Si el niño decía que no quería ir más al colegio, decían, “bueno, ya sabe leer y escribir, que no vaya”. Los niños se iban a trabajar al campo, pero las niñas no.

Yo lloraba porque no quería ir al internado, y mi padre decidió sacarse el carnet de conducir y se compró un seiscientos de segunda mano, para llevarnos a mi hermana y a mí a diario a la escuela de Los Pastores, en Algeciras; donde mi hermana había empezado a estudiar. Era 1979. Mi hermano se incorporó al colegio dos años después, con seis años. Después se sumó a los viajes un vecino que tenía un años menos, y luego su hermana.

Entre la gente de mi edad, algunos hicimos estudios posteriores. El chico que venía con nosotros hizo una carrera. Mi vecino hizo graduado social, otra hizo primero y segundo FP en agraria y otro en mecánica. Mi hermano es ingeniero y mi hermana y yo hicimos FP.

Mi prima nos había preparado duro. Sabíamos escribir y leer del tirón (sin puntos ni comas), sumar, restar, dividir por todas la cifras… Yo no he hecho en el colegio problemas tan difíciles como los que me ponía mi prima. En el examen de ingreso lo hice todo bien, menos la geometría: me pidieron dibujar un cubo, y yo pinté uno de fregar. Me metieron en segundo. Hacía las tarea de clase con mucha facilidad y me ponían material complementario.

Cuando te has criado en el campo, y acostumbrada a unas relaciones de vecindad muy cordiales y sanas, llegar a la escuela con esa edad, separándote de tu gente, es un choque. Luego te adaptas y además te alegras, porque aprendes nuevas cosas, conoces a gente…

Yo llevo unos veinte años haciendo las cuentas de la Dehesa de La Ahumada, para ver cuánto tiene que pagar cada familia por el uso de los pastos, según el ganado que tiene. Cuando ves que la gente no puede arreglarse, te da pena. Todavía se intenta abusar de la gente del campo; parece increíble.

En 1979, 1980, cuando marchamos a la escuela, puede que fuera el momento en que empieza a bajar la población infantil en La Ahumada. Entonces éramos unos 30 niños y niñas de entre 5 y 15 años. Mi hermano era de los más pequeños. Cuando yo tenía unos veinte años, hacia 1990, el afán de todos los jóvenes de La Ahumada era irse del campo. Además, el que quería quedarse no tenía facilidades, porque al ser Parque Natural, la ley no permite construirte una casa en la propiedad de tu padre… Y sin transporte escolar.

La persona

– Manuela 

Nació en 1970 en La Ahumada. Son tres hermanos. Su padre nació poco antes de la Guerra Civil y su madre en la guerra. Su madre se crió en la Higuerilla, cerca de La Escaruela. En la posguerra su padre se tuvo que ir de casa, con nueve años, a buscarse la vida. Se dedicaban a las tareas del campo, y a lo que salía en cada temporada: la siega, el carbón o la corcha.

Su abuelo se asentó en la dehesa de La Ahumada y se hizo su choza. Su familia nunca han tenido tierras.

Su madre trabajaba en la casa, con los animales y en el huerto. Su padre trabajó con Icona como capataz y vigilante.

Actualmente trabaja como cartera.

Testimonio recogido en 2012

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