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Vicente Santana enseñaba junto a su hijo Salvador

El testimonio

– Vicente Santana Sánchez se dedicó a enseñar en los últimos años de su vida. Su hijo Salvador también dio clases.

El maestro Vicente Santana Sánchez estuvo cuatro o cinco años con nosotros. Mi padre le dejó una casa, sin pagar nada, y se vino a Los Majales. Cuando llegó, yo tendría once o doce años; sería 1947.

Había en esta zona unas nueve familias, todas con muchos chiquillos. Y además estaban los trabajadores que contrataban algunas familias. En mi casa había unos cincuenta, entre los trabajadores y sus hijos. Entre grandes y chicos había más de cien personas, de los cuales había unos cincuenta niños y jóvenes en edad de estudiar. Unos listos y otros más torpes, casi todos iban a estudiar con maestros.

Su hijo Salvador, que había estado en una escuela en Málaga, dio clases junto a él los últimos tiempos: a lo mejor uno tiraba para La Peña y otro para Fuente Molín. Por la mañana empezaba en unas casas y ahí hacían el almuerzo, por la tarde en otras, donde merendaban. Y a cenar venían a Los Majales, donde tenían su casa. Por la noche daba clases a los de catorce o dieciséis años, que de día estaban trabajando. Uno se ponía con los niños más chicos y otro con los mayores, o uno explicaba una cosa y otro daba otra.

Vicente era del pueblo de Fuengirola, que entonces era una aldea. Cuando era joven, vino de aprendiz a la almadraba de Tarifa. En otras temporadas se venía a segar con cuadrillas de segaores. Unos veinte años después, ya casado y con hijos, vino su hijo mayor a la almadraba, y Vicente decidió seguirlo, con otros tres hijos y la mujer. Le dejaron una casita y se dedicó a trabajar de maestro.

Para lo que había en aquellos tiempos, Vicente tenía muy buena letra, y una caligrafía muy bonita, aunque con faltas. Él sabía las cuatro reglas y otras cosillas, pero ya “reglas de tres compuestas” o “reglas de compañía” no sabía desarrollarlas del todo. En geografía tampoco estaba muy bien, pero para enseñar era muy bueno.

Yo aprendí muchas cosas de este maestro, consejos que él me daba. Por ejemplo, sobre la vida de los pobres con los ricos. Algunos alumnos no le echaban cuenta, y a otros como yo sí nos interesaba. Él sacó una poesía sobre todo lo que había sido en su vida y yo, que tenía una memoria buena, me lo aprendí. Decía:

Cuando fuiste almadrabero
muy poco tú prosperaste,
y luego una instancia echaste
para ser carabinero.

Consumista y segador,
comerciante de habichuelas
y ahora maestro escuela:
mi vida es una canción.

La persona

– Manolo Lara Ríos

Nació en 1936 en Los Majales (Tarifa). Trabajó con su padre con el ganado y en las tierras que tenía. Emigró a Barcelona y regresó poco después para casarse. Tuvo tres hijos.

Trabajó en el suministro de aguas del ayuntamiento de Tarifa.

Vive en Tarifa.

Testimonio recogido en 2012.

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