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Varios maestros de campo suyos eran republicanos

El testimonio

– El maestro Juan había luchado en zona republicana. Complementada sus ingresos haciendo fideos.

Hubo uno al que llamaban La Valenciana, que era muy gordo. Daba clases a chicos mayores que yo; sería a primeros de los cuarenta. Vino luego un maestro llamado Miguel Sánchez, que era de fuera. Tenía yo entre 8 y 10 años (entre 1946 y 1948). Se alojaba en una casa de Pedro Serrano, de piedra y techado de palma. Pedro tenía un ventorrillo en La Ahumada y no le cobraba nada. Allí en la casa tenía mesas y sillas, y nosotros íbamos de noche, como otros niños, para la clase.

Miguel desapareció y vino un tal Juan, que había sido teniente de aviación cuando la guerra y le pasó como a otros, que como estuvo en el otro lado lo echaron de su puesto. Si hubieran ganado los otros, habría sido un personaje. Vino de fuera con su familia: la mujer se llamaba Pilar y los hijos, Pilar y Joaquín. Se alojaron en casa de otro vecino.

Él tenía una máquina de hacer fideos y la gente le pagaba por hacerlos. Las mujeres hacían la masa, él la pasaba por aquella máquina, le daba a una manivela, y la masa salía en forma de fideos. Del grosor que tú quisieras, porque tenía varios tipos de embudos. Los fideos los secábamos al sol, en una bandeja o tabla de madera. Era muy baratillo; yo recuerdo que mis padres los compraban, y muchos vecinos. Le avisaban y cuando estaba la masa preparada, él pasaba por la casa con la máquina. Con eso se ayudaba. Por eso le llamaban “el Tío de los Fideos”.

En el campo no había linternas, y la gente confeccionaba hachos o teas de palma. Se prendían y se llevaba por el campo para alumbrarse. Había un sitio donde decían que aparecía un fantasma. Una noche muy oscura, el maestro salió de donde daba la clase y se encaminó hacia su casa, que estaría como a un kilómetro. Salieron dos o tres niños mayores moviendo los hachos encendidos y al llegar a un charcón de agua tiraron dos o tres piedras. El pobre hombre se asustó tanto con aquello, pesando que era el fantasma, que tuvieron que llevarlo a su casa.

Esta familia estuvieron unos pocos años y luego se marcharon. Otro que vino era muy calladito. Y se perdió… pero cuando se fueron a dar cuenta, habían desaparecido también tres o cuatro bestias, que se las había llevado él. La Guardia Civil lo cogió por San Roque, le quitaron las bestias y le metieron preso. Eso lo recuerdo yo muy bien.

Salmerón es el último maestro que tuve. Era joven y era muy buen maestro. Diego el de los Canastos trajo aquí a ese hombre, que también era del otro lado. Eran muy amigos. Yo, lo que he aprendido lo aprendí con él. Los demás, lo que enseñaba uno, venía otro y te despistaba por otro lado, porque cada cual tenía su forma.

La persona

– Juan Atanasio Moya

Nació en La Ahumada en 1938 y es el noveno de diez hermanos. Su madre era de El Chivato y su padre de La Ahumada.

Tenían cuatro fanegas de tierra, ovejas, vacas y cabritas. Cultivaban trigo y productos de huerta.

Se casó y tuvo dos hijos, que se criaron en La Ahumada.

Testimonio recogido en 2012

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