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Una vecina lavaba la ropa en pago por las clases

El testimonio

– Una vecina lavaba la ropa en pago por las clases. Tras la clase cuidaban las cabras, y el cabrero se iba con el maestro.

Mi maestro, Jerónimo Rodríguez Cabrera, desde que yo tenía siete u ocho años venía a darnos clase un día sí y otro no. Como mi padre nos había dado un poquito de clase por las noches, cuando Jerónimo empezó a venir ya sabía yo algo. Estuve aprendiendo hasta los catorce años.

Yo recuerdo el primer día que Jerónimo llegó a mi casa en La Tabla. Era la hora de almorzar, y después de explicar a mi madre lo que él hacía por los campos, le dijo, “Mira usted, señora, yo hoy no he comido”. Entonces mi madre le preparó de almorzar. Desde aquel día nos dio clases.

Jerónimo era rellenito, bajito, y estaba casi calvo, con el pelo blanco. No tenía gafas. Fumaba y, cuando podía, compraba el periódico. Se llevaba todo el día andando, de una casa a otra. Recuerdo que en el verano llegaba a casa chorreandito de sudor. Y estaba siempre muy limpito. Yo recuerdo haberlo visto afeitarse en mi casa; pero lavarse, él decía que se lavaba en los arroyos por el campo.

Entonces vivía mi abuelo, que le daba bromas y se reían. Le decía él, “Pepe, dicen que hay billetes de mil pesetas. Dicen que hay… ¡porque yo no los he tocado con mi manos nunca!”. ¡Pobrecito!

En el mismo patio de La Tabla, una señora llamada Rafaela, como no podía pagarle a Jerónimo para que le diera clases a su hija, le lavaba la ropa. Y su hija Antonia Román y yo aprendimos juntas, con los mismos libros.

Lo mismo estudiábamos los niños que las niñas. Cuando Antonia y yo acabábamos, nos íbamos a cuidar las cabras de mi padre. Porque Matías Iglesias Canas (criado en la cañada de Matatoros) trabajaba entonces en La Tabla guardando las cabras. Así podía él recibir las clases, después que nosotras.

Mi madre murió con 82 años. Se crió en La Tabla, y aprendió con un maestro de campo. Ella me hablaba mucho de él. Me contaba que era mayor y que era muy bueno. Que le decía, “Rafaelita, hija, hay que aprender, porque si no el día de mañana vas a ser una inculta”. Y le hacía dibujos.

Mi abuelo materno no sabía escribir, pero mi abuela (la madre de mi madre), que se crió por El Cascabel, había aprendido con maestro de campo. Mis abuelos paternos sabían escribir. Se habían criado en la cañada de Matatoros y habían tenido maestro de campo, aunque la mitad de los días no podían tener clases, porque había que guardar el ganado.

La persona

– Juana Iglesias Muñoz

Nació en Tarifa en 1941 y se crió en el cortijo de La Tabla. Tiene un hermano cinco años menor que ella. Sus padres tenían ganado y sembraban trigo y habas.

Se casó en 1972 y poco después se trasladó a Tarifa. Como su marido tenía ganado, ella vendía la leche por las casas de Tarifa.

Testimonio recogido en 2012.

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