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Su padre se preocupaba por que sus hijos tuvieran maestro

El testimonio

– Aprendió también con Francisco Salmerón, con Jerónimo y con Pepote. Su padre siempre buscaba quien pudiera enseñarles.

(…) Después de Vicente, otro que estuvo con nosotros era uno a quien le decían El Paticorto. Se llamaba Jerónimo. Era de San Pablo de Buceite. Esto sería en los años cuarenta. Se quedaba a dormir en Puertollano, en casa de Ballesteros. Era soltero.

Vino un maestro que había estado desterrado de cuando la guerra; estaba muy bien preparado y se llamaba Francisco Salmerón. Cuando vino tendría treinta años. Él era de Granada. Cuando empezó la guerra se metió en ella, y cuando acabó como había sido menor no pudieron hacerle nada, pero lo desterraron.

Nos daba lección a mí y a mis hermanos. Él era muy listo, y en otro tiempo hubiera sido un gran hombre. Estaba muy preparado en aritmética.

Cuando estaba soltero, comía y dormía en alguna casa donde enseñaba (en mi casa se quedaba). Cuando ya se casó y empezó a tener hijos, no podía mantenerse con eso y lo poquito que le pagaban. Entonces empezó a hacer carbón. Cuando ya la cosa se puso de otra manera, el hombre se buscó trabajo con un camión y creó una empresa.

Hubo otro que le decían Pepote. Vino a Tarifa con el circo Arriola, donde trabajaba de caricato (así decían a los payasos). Dejó el circo y se quedó unos años en Puertollano. Nos daba clases de noche a los mayores, en la misma casa donde vivió Vicente, y a los chicos les daba de día. Tocaba muy bien la armónica y además era un manitas: hacía aparejos, como talabartero. A veces nos decía a los mayores, “hoy no vamos a estudiar, hoy nos vamos a la fiesta”. Y cogíamos el camino para llegar a los bailes que hubiera por allí cerca.

Mi padre tenía mucha memoria, y estaba muy bien de números. Él se preocupaba porque tuviéramos maestro. Como venía todos los días a Tarifa, llegaba a una posada para dejar la bestia y se liaba a charlar con uno que buscaba trabajo. Si veía que sabía un poco más, le animaba, “vente con nosotros, te dejamos una casa y les das clases a los chiquillos”. Así ellos conseguían escapar por un tiempo.

La persona

– Manolo Lara Ríos

Nació en 1936 en Los Majales (Tarifa). Trabajó con su padre con el ganado y en las tierras que tenía. Emigró a Barcelona y regresó poco después para casarse. Tuvo tres hijos.

Trabajó en el suministro de aguas del ayuntamiento de Tarifa.

Vive en Tarifa.

Testimonio recogido en 2012.

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