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Su padre salía al encuentro del maestro con una burra

El testimonio

– Su padre iba al encuentro del maestro. Los hijos enseñaron a sus padres. Hizo el bachiller en un colegio para minusválidos.

Mi padre le pidió a José Tejado Navarrete que viniera a darme clase a casa a cambio de algún regalo, en vez de darle dinero. Navarrete venía todos los días a mi casa, de cuatro a seis de la tarde. Yo aprendí mucho, para luego poder sacarme el graduado escolar.

Era muy buen profesor. Me atendía como si yo fuera su hija. Yo era muy torpe con las faltas de ortografía, pero estudiaba todo lo que hiciera falta para aprender las reglas de ortografía y las tablas, y mostrárselo cuando él llegaba a darme clase.

Navarrete llegaba caminando todas las tardes, desde Betis, donde vivía, hasta mi casa en El Chaparral. Yo lo veía llegar desde casa, cuando pasaba por el Bujeo, a lo lejos. “¡Papá, ahí viene Navarrete!”. Si estaba lloviendo, mi padre cogía la burra o el capote, e iba a su encuentro, porque si no llegaba como una sopa, el pobrecillo. A lo mejor tardaba media hora en alcanzarle, pero esa media hora se la quitaba a Navarrete de caminar bajo la lluvia.

Nosotros enseñamos a leer a mi padre y mi padre. En casa, cuando tiempo libre por las noches, les animábamos: “A ver si pones tu nombre y los nombres de tus hijos”.

Y buscábamos el modo de que mi madre practicara mientras le ayudaba a mi hermana con la cartilla. Mi madre aprendió más que mi padre, y cuando mis hermanos se fueron a Tarragona a trabajar, ella se ponía las gafas y leía sus cartas.

Yo podía ser algo, porque me dieron la posibilidad de estudiar en un buen centro. Tendría unos siete años cuando mi padre me llevó a Sevilla, apoyado por unos señores de Tarifa que tenían poder para llevarme a un buen centro. Unos médicos le dijeron que yo no soportaría el desarrollo, y mi padre pensó, “si va a morir, que esté con nosotros en casa hasta ese momento”. Y volví con ellos al campo.

Cuando tenía 19 años (hacia 1978) supe que en San Fernando había un colegio público para minusválidos, y decidí irme. Estuve año y medio e hice el graduado escolar. Mi padre se enteró de que yo tenía novio y fue por mí. A mí me daban trabajo en la ONCE, pero quería otra cosa. Yo no quería dedicarme a eso. Un compañero de Betis que también estaba en la ONCE me convenció. Era la única posibilidad de salir de ese agujero. Llevo 26 años trabajando ahí.

La persona

– Carmen Jiménez

Sus padres nacieron en El Chaparral. Cuando se casó, su madre se trasladó a El Catalino, donde vivían los abuelos paternos. Allí nació ella en 1959. Es la quinta de seis hermanos.

Tenían un huerto con frutales, cosechaban grano y legumbres y tenían cabras. Algunos productos de la huerta y del ganado los intercambiaban por pescado, café o azúcar.

Con cuatro meses enfermó de poliomielitis. Vivió en el campo hasta los 20 años, participando de los trabajos de la casa, agricultura y ganadería.

Sacó el Graduado Escolar. Se casó en 1987 y tiene una hija. Trabaja vendiendo lotería de la ONCE. Le gusta muco leer y está sacando el carné de conducir.

Testimonio recogido en 2012

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