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El maestro Requena les premiaba con avellanas recién tostadas

El testimonio

– Su maestro de campo, llamado Requena, les premiaba con avellanas recién tostadas. Tenía poca paciencia, y les reñía.

En El Chivato los niños ayudábamos a guardar las cabras y los cochinos, y por la tarde íbamos en un burro montados mi hermana, Antonio y yo hasta Las Higuerillas, para recibir clase de Antonio López Núñez, llamado Requena.

La mayoría de las familias mandaban a sus hijos con el maestro desde siete u ocho añillos. Unos más tiempo y otros menos, todos iban. Él enseñaba por turnos a muchos chiquillos: a unas hijas de Pepe Rebolo, que eran diez u once hermanos, y a los hijos de Eduardo del Río.

Requena se había dedicado a hacer hornos de carbón, y a sembrar y vender tomates y pimientos. Cuando nos daba clases ya era mayor, y cobraba muy poco.

Daba la clase en su cocinilla, que era una chocita de piedra y techado de palma, con unos poyetitos y una banquita de corcho donde él se sentaba. Llegábamos a su casa, atábamos el borrico a la entrada y pasábamos adentro: allí estaba él, sentado con su gorrita y un chaquetón negro.

Tenía cerca de su casa un horno donde se cocía el pan cada pocos días, como era costumbre en el campo. En este mismo horno él tostaba avellanas (cacahuetes), y nos las daba como premio si repetíamos bien la lección.

Entre dos o tres niños empezábamos a tocarnos, a pisarnos, a reírnos… Y él decía, «Chiquillos, ¿de qué os reís? ¡Mirad la plana!», (la plana se hacía en una pizarrita con marco de madera, un lápiz y un trapillo para limpiar, después de mojarlo con un escupitajo). Al final el hombre se enfadaba y nos pegaba con la varilla.

Había un niño a quien le ponía las letras para que dijera el nombre de cada una, y al señalar la «f», el niño le decía mirándole fijamente, «jefe, tío Antonio» (porque no le llamaba maestro, sino «tío Antonio»). Requena le gritaba: «¡A mí no me mires, mira al cuaderno!». Eso lo recuerdo yo muy bien. Nosotros nos reíamos del maestro, y él decía, «¡Si ustedes no aprendéis vais a ser borricos negros; borricos vestíos!». Le contaba a mi padre que no le hacíamos caso y mi padre también nos reñía.

La persona

– Curro Gil

Nació en 1955, en El Chivato (Tarifa). Su familia vivía de los animales y del campo. Eran cinco hermanos. Hacia 1964 se trasladaron a Las Higuerillas, donde vive actualmente.

Testimonio recogido en 2012

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