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Sebastián Muñoz, maestro de campo desde principios de siglo XX

El testimonio

– Sebastián Muñoz Sevilla enseñó por el campo desde principios de siglo XX

Mi padre, Sebastián Muñoz Sevilla, era una persona muy lista. Su abuela, que le crió, le metió en una escuela de niñas y niños que había en Facinas. Desde chiquitillo le gustaba mucho leer. El maestro le dijo a su abuela que le dejara sin clase más de una semana, ¡pero mi padre se había traído un libro de la escuela y se puso a leer! Así que le dijo la abuela, “mañana vas tú a la escuela; aquí no te quedas”.

Mi padre entró a trabajar en el cortijo Iruelas de zagal casero (ayudaba al de la cocina). Cuando el encargado de ese cortijo tenía que escribir una carta al señorito, se la escribía mi padre.

Debió empezar a dar clases por el campo a finales de la década de 1910. Hacía ruta por Tahivilla, La Dehesilla, El Almarchal, Las Canchorreras y Sierra Plata. En cada casa donde trabajaba juntaba a unos cuantos niños y, si le llegaba la noche, no se volvía para su casa.

Si no tenían dinero para darle, con una telera de pan se daba por cobrado. O le daban un presente: algún producto de la matanza del cerdo, que entonces se acostumbraba a repartir entre la gente con necesidad. Si se podía, se mataba un cerdo más con este fin.

Siempre que le quedaba tiempo, también se dedicaba a arreglar los frontiles (de la yunta) de los bueyes, máquinas de coser, relojes, mecheros…

Al trasladarnos a Facinas, mi padre se quedó trabajando en Zahara, con los hijos de Domingo Castro, y a cambio Domingo le dejaba una habitación para dar clases a otros niños. Cada 15 días venía a Facinas para lavar la ropa. Después se vino a Facinas y daba clases particulares por la noche: al zapatero, a los hermanos de Luz Jiménez y a muchos otros. Lo mismo a chicos que a mayores.

Alguien le preguntó una vez por qué permitía que sus hijos le llamaran de tú, y él explicó, “Mira, yo no consiento que a las personas mayores mis hijos les digan de tú, pero esa palabra es más cariñosa que la de usted, y a su madre y a mí quiero que nos llamen de tú”. Eso se me ha quedado a mí grabado.

Murió en 1947, con 61 años cumplidos. Le dolía mucho el pie, y después se dio un golpe en la espinilla y se hizo una úlcera. En poco tiempo murió. Yo tenía once años cuando faltó, por eso no le recuerdo mucho.

La persona

– Magdalena Muñoz Pelayo

Nació en Las Canchorreras, donde vivían sus padres, hacia 1936. Eran cinco hermanos. Su hermana mayor falleció hacia 1940, con 18 años. Poco después la familia se trasladó a Facinas.

Su padre fue maestro de campo.

Testimonio ofrecido en 2012

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