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Los vecinos daban alojamiento a los maestros

El testimonio

– Para que se quedaran en la zona, los vecinos daban alojamiento a los maestros de campo.

Mi marido, Andrés Iglesias Gallego (que nació en 1941) aprendió con otro maestro que se llamaba Antonio Cortés y vivía por allí. Yo lo conocí de niña, y él era ya mayor. Cuando Navarrete ya no daba clases por Bolonia, Cortés daba clases por las noches a los niños y jóvenes, cuando venían del campo de cuidar los cochinos o lo que fuera. Mi marido y otros aprendieron con él hacia 1955, y le hacían muchísimas perrerías; las cosas de los niños…

Se llamaba Antonio Cortés Ripoll, y decía que había sido carabinero antes de la guerra y después pasó a la Guardia Civil. Venía de un pueblo de Alicante. Estaba separado y tenía un hijo.

Estos maestros no cobraban fijo. Los vecinos les daban la casa para que se quedaran con ellos y enseñaran a los chiquillos, y cada uno le pagaba o le ayudaba como le parecía. Navarrete vivía donde nuestra abuela, al maestro Cortés, Manolo y Pepe Fernández le dieron un cuartillo, a José Pozo (que vino después de Cortés) le dieron casa en Bolonia. Entonces las casas nadie las quería, y se compraban por cuatro perras.

Un tal Isidoro, que era de Palencia, también trabajó de maestro. Era de Palencia, y había trabajado en Barbate antes de llegar a Bolonia. Y otro maestro fue Curro Jiménez Rodríguez, de Los Boquetillos, casado con Antonia Rodríguez Iglesias. Curro era muy listo, estudió para ir a la Guardia Civil y al final no se fue.

La persona

– Dolores Ruiz Jiménez

Nació en 1943 en La Gloria. Tiene un hermano. Sus padres trabajaban en el campo. Tenían tierra y vacas.

Después de casarse emigró a Francia cuatro años, trabajando como cajera en una fábrica. Al regreso a Tarifa, ella y su marido tuvieron un bar.

Testimonio ofrecido en 2012

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