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Le enseñó Pepita Roa, maestra particular

El testimonio

– Recibía clases de Pepita Roa, maestra particular

Yo no fui a la escuela. Aprendí a leer y escribir en casa de una señorita que se llamaba Pepita Roa. Sería hacia 1950, poco más o menos.

Esta maestra, aunque no tenía título, estuvo dando clases en la escuela nacional, hasta que llegó el maestro que tenía allí su plaza. Entonces ella siguió dando clases particulares en su casa. Ella era la encargada del teléfono, además. Su padre, Juan Roa, era maestro nacional y había venido destinado a Facinas desde Alcalá de los Gazules.

Yo, lo que quería era jugar, e iba a su casa cuando me parecía. Si me acordaba iba a la clase, y si no me acordaba no iba. Pero cuando pasaba varios días sin ir, ya me daba vergüenza y no quería volver más. Otras amigas mías aprendieron, pero yo no quería; tuve yo la culpa de no aprender más.

Entonces ella le mandaba recado a mi padre, que venía de trabajar por las noches. Mi padre subía a hablar con ella y me llevaba a mí. Pepita le contaba que hacía mucho que yo no iba y que yo no quería aprender. Mientras, yo estaba sentada en el suelo con la boca apretada. Y mi padre me preguntaba, “bueno, María, ¿tú qué dices de esto que cuenta tu maestra?”. Él, que era del campo y no sabía leer y ni escribir, decía de mí, “ella se cincha y no dice nada”.

La persona

– Antonia Camacho Pelayo

Nació en Facinas hacia 1940. Se quedó sin madre muy pequeña. Su padre trabajaba en el campo y ella se quedaba con su abuela, que era ciega.

Testimonio recogido en 2012.

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