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Estaban adelantadas respecto a las niñas del pueblo

El testimonio

– Vio que estaban adelantadas respecto a las niñas del pueblo. Fausto Ruiz Galán les hablaba de la guerra y de Julio Verne.

El maestro que me enseñó a leer y escribir fue Fausto Ruiz Galán. Hacía su recorrido por varios cortijos y cuando le tocaba quedarse en El Rocinejo dormía en casa de mis abuelos. En la finca había otras dos casas, donde vivíamos nuestra familia y nuestros primos. Había gente que vivía en chozas, donde Fausto también enseñaba.

Fausto no nos daba religión. Cuando llegó la hora de hacer la primera comunión, con unos siete años, mi madre nos compró un catecismo y nos llevó a mi hermana y a mí al Beaterio, un colegio de monjas que estaba en Alcalá. Allí nos pusieron con las niñas de nuestra edad, y yo me di cuenta que estábamos adelantadas respecto a ellas. Yo ya sabía hacer sumas y multiplicaciones de varias cifras. Estuvimos ahí lo justo para hacer la comunión, y después volvimos a las clases con Fausto.

Era un hombre muy político, muy de izquierdas. Nos contaba muchas cosas de cuando la guerra, que él había vivido. Recuerdo que nos hablaba con indignación de un capitán a quien fusilaron injustamente. Él decía que las cosas estaban muy mal y que iba a haber otra guerra; y yo, que era muy chica, me angustiaba mucho cuando le escuchaba decir aquello.

Mi padre mantuvo correspondencia con Fausto durante bastantes años, pero no quiso seguir la relación; supongo que le incomodaba la actitud de Fausto hacia la política.

Él era my aficionado a Julio Verne, y nos hablaba mucho de sus libros. Sobre todo mencionaba Veinte mil lenguas de viaje submarino y De la tierra a la luna. Hablaba con los hombres del campo de las ideas de este escritor y de sus anticipaciones: “Habrá un tiempo en que el hombre llegará a la luna”, les decía.

Recuerdo que tenía un reloj de bolsillo, de esos que llevaban una cadena que se enganchaba en el ojal del chaleco. A veces se juntaba con varios vecinos, hacían comparaciones entre los relojes y se los intercambiaban. Pero qué más daba… ¡ningún reloj de aquellos era mejor ni peor!

Hacia 1958 ó 1959, Delegación de Cádiz abrió una escuela rural en El Rocinejo. Al principio no había edificio, y una señora del campo cedió una habitación de su casa para las clases. Fausto salió de El Rocinejo y se desplazó a otra zona de Alcalá donde no había escuela: Cruz Verde, El Búho y el Puerto de La Parada.

La persona

– Chari Gutiérrez

Nació en 1950, y se crió en el cortijo de El Rocinejo, de Alcalá de los Gazules. Su familia se dedicaba a los trabajos del campo.

Estudió Magisterio y ha trabajado durante veinte años en escuelas privadas concertadas.

Testimonio recogido en 2013

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