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Escribía en las piedras mientras guardaba las vacas

El testimonio

– Escribía en las piedras mientras guardaba las vacas

Una se ha criado de pobre, pero no ha pasado hambre, como digo yo. Nosotros éramos ocho hermanos, y solamente la hermana mayor tuvo maestro. Como las clases valían dinero, si iba el maestro daba nada más que a los varones. Las hembras, como no teníamos que ir al servicio ni nada…

Yo no he tenido un maestro nunca en mi vida. Yo aprendí a poner las letras y los nombres (las palabras) por lo que yo miraba que mis hermanos hacían. Yo veía desde lejos al maestro, cuando llegaba a la casa; pero darme una clase no me la dio nunca.

Mis hermanos estudiaban de noche, porque de día trabajaban. No me podía sentar con ellos, porque eran sus clases y el maestro no quería más niños. Aprendía después, mirando sus cartillas, el Manuscrito y otros libros.

Sumar, restar, multiplicar y dividir también aprendí un poco, mirando a mis hermanos. Si tenían una cuenta en el cuaderno, cuando el maestro no estaba yo la copiaba y la hacía.

Cuando mis hermanos marcharon nos quedamos las chicas. Nosotras guardábamos el ganado. Y cuando estábamos con los animales, en todos los tajos (piedras) que veía, con una lasquita de piedra, yo ponía mi nombre, ponía otro nombre… ¡en las piedras! Hasta las cuentas las hacía ahí.

Así aprendí yo a escribir una carta; malamente o como fuera, pero cuando mi novio se fue al servicio, yo me dije, “¿Yo voy a estar buscando a alguien…? ¡Las cartas las escribo yo!”.

Esa era la vida de una. Ahora dicen, “¡saben los niños mucho!”. Claro, ¿no van a saber? ¡Si desde chicos están explicándoles las cosas! Un poner, ¿una quería aprender a coser? Tenías que aprender por tu propia voluntad, porque no tenías quien te dijera, “esto se hace así; esto se hace de la otra manera”.

En el campo no había tele hasta lo último, y algo tenías tú que hacer. ¿En qué pasabas tú tu tiempo? En hacer punto marca o encaje, de noche y de día. Si estaba una guardando bichos en el campo, allí se llevaba el punto. ¡Y cómo una se acuerda de eso! A veces se acuerda una de las cosas que hacía antes, más que de lo que ha hecho hoy. Un pañito que tengo ahí de punto de cruz, todavía me acuerdo de cómo era el sitio dónde lo hice yo: ¡En lo alto de un cerro, que estaba cuidando vacas!

La persona

– Luz Alba Gómez

Nació en 1938. Es la quinta de ocho hermanos (cuarto hembras y cuatro varones). Su familia vivía en El Huerto del Cojo (Poblana).

Se casó en 1951. Su marido era herrador. Cuando dejó de tener trabajo se fue a trabajar en la construcción. Hacia 1960 se trasladaron a Tarifa. Tuvieron cuatro hijos, que estudiaron en Tarifa.

Testimonio recogido en 2013.

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