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El maestro Lorenzo Vázquez Zardain en la memoria de los hermanos Casas Villalba

El testimonio

– Los hermanos Casas Villalba recuerdan con afecto a su maestro de campo, Lorenzo Vázquez Zardain.

Tuvimos un maestro que venía a darnos clases a casa todos los días. Se llamaba don Lorenzo Vázquez Zardain, tendría unos cincuenta años o más en esas fechas, y venía de Madrid. Entre 1949 y 1955 recibí clases de él (desde que tenía unos 5 años hasta los 10).

Lorenzo tendría unos cincuenta años. Era un señor muy alto y fuerte, bien educado y muy inteligente. Él iba dando clases por varias casas o fincas, haciendo un recorrido de uno o dos días. No tenía casa propia: comía y le daban cobijo donde le pillaba la noche. En cada casa se le pagaba algo por día y por alumno.

Nosotros habitábamos una casa bastante grande, con una zona para nuestra familia y otra donde dormían todos aquellos que pasaban temporadas en la finca, por su dedicación al carbón u otros trabajos del campo. Lo que se llamaba la gañanía. En esta parte de la casa dormía Lorenzo, cuando le tocaba hacer noche en la finca.

Siempre iba con la misma ropa: un traje y una especie de gabardina o impermeable. Era lo único que tenía, pues no llevaba maleta. Recuerdo que siempre llevaba un bastón, no porque tuviera problemas de movilidad, sino para ayudarse a caminar por las veredas aquellas. Yo veía que cuando llegaba a la casa, mi padre le daba ropa de mi padre, para usarla mientras ella lavaba la suya. Cuando estaba seca, en el mismo día, se la ponía de nuevo.

En aquellos tiempos todos comíamos lo mismo. Si a don Lorenzo mi madre le ponía de comer aparte, cuando llegaba la hora de clase simulaba adivinar lo que habíamos comido. Nosotros, que éramos muy pequeños, nos quedábamos estupefactos, y nos mirábamos unos a otros sin comprender cómo lo hacía.

En su cartera llevaba un cuento, que solía leernos al calor del fuego a los hermanos y a mi madre las noches en que se quedaba a dormir en casa. Mi madre lloraba escuchándole. Yo no tuve otro maestro que él, y siempre me ha gustado mucho leer. Recuerdo lo que disfrutábamos. No se me olvida el título; se llamaba “El pequeño estudiante Florentino”.

Trabajaba casi desapercibido. No sé si le buscaban o temía ser arrestado; lo cierto es que en las rondas que la Guardia Civil solía hacer por los cortijos, él evitaba coincidir con ellos. Él nunca iba a Madrid. Cada cierto tiempo se trasladaba a Algeciras, a donde llegaban dos hijos suyos desde Madrid, para visitarle. Eran varones y de cierta edad.

Era un hombre con muy buenos modos y generó confianza hacia nosotros con facilidad. Cuando se hablaba de su propia familia, se emocionaba: se levantaba y se ponía a caminar por la habitación, nervioso. Algunas veces tomaba un vaso de vino de más… Y cuando se le pasaba la borrachera le veíamos cargando con dos penas, la de su condena a sobrevivir de ese modo, y la de haber bebido para olvidar. Sabe Dios el sufrimiento que este hombre pasó por tener que dejar a su familia y ser perseguido por el régimen franquista.

La persona

– Antonio Casas Villalba y sus hermanos

Antonio nació en 1945. En los años cuarenta los hermanos Casas Villalba vivían con sus padres en la finca de El Conejo (a unos 5 km de Tahivilla, cerca de Retín), donde trabajaba su padre como guarda.

En el año 1955 la familia se trasladó a Facinas, pues el dueño de la finca murió, ésta cambió su aprovechamiento y despidieron a su padre, al igual que a muchos trabajadores de la finca. La familia se desplazó a Facinas y su padre siguió con trabajos temporales.

A partir de los años sesenta, los hijos emigraron a Cataluña, donde viven actualmente.

Testimonio recogido en 2012.

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