«

»

El maestro Fausto Ruiz en Alcalá de los Gazules

El testimonio

– Fausto es recordado como una persona de ingenio y humor, y que transmitía sus ideas a sus alumnos

Tengo la sensación de estar en deuda con Fausto Ruiz Galán por lo mucho que hizo por todos aquellos niños y adolescentes de los campos de Rocinejo, Pagana, Zafrilla, El Lario, El Llano de la Mata o Vega Blanquilla (muchos de estos cortijos ya no existen; han quedado bajo las aguas del embalse de Barbate, construido en 1992).

¡Cuántas caminatas se daba mi maestro para poder llevarnos un poco de aprendizaje!… Hacía unos 15 ó 20 kilómetros diarios… Y por un jornal bastante escaso, puesto que todas aquellas familias eran de pocos recursos económicos. ¡Cuántos remiendo en pantalones, chaquetas tipo ruso, alpargatas o zapatos coreanos, calcetines zurcidos! (el que podía, que la mayoría no los tenia). De mucho no se podrían desprender para pagarle.

El único cortijo del municipio que tenia escuela rural era Vega Blanquilla. En los demás pagos las clases se daban en cualquier casa particular o choza, a la luz de candiles de petróleo, puesto que el invierno es largo y por entonces mucho más. Las edades de los alumnos eran diversas, pero no muy mayores, pues en cuanto se podía cargar un cántaro de agua en la burra eras apto para trabajar, que falta hacía, desde ser arriero, gañán, segar, trillar, cuidar los animales o el huerto. En cuanto el número, diez o quince.

Fausto desayunaba, almorzaba o cenaba en aquella casa donde era la hora de hacer estas comidas. El tenia una letra con una caligrafía de gran belleza, de esas que ya no existen, y le daba mucha importancia a esta escritura, por lo que utilizábamos cuadernos de caligrafía. Utilizábamos plumillas. ¡Ay de ti si al realizar la tarea la llenabas de borrones o gotas de tinta! Para que los tinteros no se derramaran por la mesa, él ideó meterlos en latas de conservas y rellenarlos de yeso.

Una vez, viéndome distraído, cogió el bastón que solía llevar, supongo que para defenderse de algún perro cortijero, y me apretó en el estomago. Me cogió de tal sorpresa que le dije “¡la madre que te parió!”. Pensé que me daría unos reglazos, pero lo que hizo fue hartase de reír.

En El Rocinejo abrieron una escuela rural oficial, donde recuerdo que una mujer de Canarias llamada Mari Carmen nos preparó para el examen de bachillerato. Como ya no hacía falta allí, Fausto marchó hacia la zona norte de Alcalá.

Mi impresión es que Fausto evitaba hablar de sus ideas con mi abuelo, dueño del Cortijo de Rocinejo, aunque a veces se enzarzaban en discusiones, y a nosotros nos las inculcaba a través de las clases. Por algún motivo, yo le relacionaba con el Partido Comunista. Cuando nos hicimos mayores y empezamos a comprometernos en el Partido Socialista, a mí me surgió la inquietud de hablar con él y contrastar ideas, pero no era posible.

En el año 1980-1981 lo encontré vendiendo decimos de lotería nacional en una gasolinera. Lo llamé por su nombre y apellidos. Me preguntó quién era yo, y cuando le dije que era de Rocinejo, fue capaz de recordar mi nombre y apellidos y mi fecha de nacimiento. Vi alegría en sus ojos y a la vez bochorno por estar vendiendo lotería.

La persona

– Miguel Blanco Romero

Nació en Alcalá de los Gazules en 1949 y vivió en el cortijo de El Rocinejo.

Hizo estudios como forestal, como profesor de Formación y Seguridad Vial y otros relacionadas con la formación de formadores en el transporte y la conducción.

Actualmente vive y trabaja en Chiclana (Cadiz). Lleva con sus hijos dos autoescuelas. Le gusta leer y escuchar música, y el campo.

Testimonio aportado en 2013.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *