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De profesión peonero, de ocupación maestro

El maestro Rosillas, hijo de Juan Otero y Antonia Ropero, había nacido en la cortijada de Las Ramiras (Córdoba) un 10 de diciembre de 1909. Huérfano de padre a temprana edad, le tocaría vivir la primera mitad del siglo XX en toda su crudeza. De profesión peonero, de ocupación maestro, de vocación un hombre volcado hacia el trabajo y el saber; comprometido con su tiempo, enemigo de las injusticias y las sinrazones. Mantuvo siempre la convicción de que el conocimiento conllevaba la liberación del individuo. Exigente para sí mismo y para los demás, con su destino y con la vida.

Apareció en el vecindario de Las Cabreras ya entrado en años. Había pasado la guerra luchando en el bando republicano, había tenido el sambenito de “los de la sierra” y había tenido sus años de presidio y campos de trabajo (Cáceres, Zaragoza, Utrillas) como desafecto al régimen y por adhesión a la rebelión. Buscaba un lugar donde el pasado no le ahogase y ahí encontraría su hogar, pues la preocupación de los vecinos era el vivir cada día; allí el futuro empieza cada madrugada. Cuando la Guardia Civil preguntaba por él y por otros que habían luchado como republicanos, todo el mundo informaba bien.

A finales de los cuarenta se casaría con una hija de la zona, Nicomedes Gámez Hinojosa, y el destino les traería tres hijos. En la década de los 50 Rosillas emigraría a las minas de plomo de Lérida con su cuñado Cristóbal Moreno. De vuelta en la zona, trabajaría de pesaor de aceitunas, de manijero y dando peonadas.

Le tuvieron que trasladar al hospital de enfermos crónicos pulmonares de Los Morales (Córdoba). Yo entonces estaba en el ejército y un enfermero amigo mío me comentó a quién estaba atendiendo. Entre las cosas que hablamos hay una que se me ha quedado grabada en la mente. Él me había preguntado si yo seguía estudiando y yo le había dicho que sí; que había terminado Magisterio en Córdoba y que quería hacer Pedagogía en Granada. Entonces él me dijo: “Haces bien. Es bueno leer, estudiar y saber. La persona que sabe se respeta a sí misma. Y eso lo es todo en la vida; para que los demás te respeten tienes que empezar por respetare tú mismo”.

Adaptado del libro “Cien años en Las Cabreras (El honor de los camperos)”. Juan Gámez Cobo. Caja Sur. Córdoba, 2010 (115-117, 303-304).

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