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Daba clases de redacción y de botánica al aire libre

El testimonio

– A pesar de su enfermedad, ayudaba a su padre en el campo. Navarrete daba algunas clases al aire libre.

Yo iba al sembrado en la mula o la burra y le ayudaba a mi padre a arroblar los boniatos tirada en el suelo, de surco en surco, arrastrándome como los cangrejos. Cuando mi abuela estaba solita, yo me iba a su casa andando como los gatos, con unas alpargatas en las manos, que eran mis pies.

En El Chaparral vivían cuarenta o cincuenta personas. Mi padre siempre se preocupaba por que aprendiéramos. “Encierra las cabras, que tienes que ir a clases”. En una pequeña iglesia de El Chaparral aprendí a leer y escribir. Primero tuve un maestro que se llamaba José Pozo, y luego a José Tejado Navarrete, de quien guardo mejores recuerdos.

Yo me desplazaba en burra, y de la burra a clase me tenían que coger en brazos. Con diez u once años me pusieron aparatos en la piernas, y con los bastones podía caminar.

Había preguntas para responder y resúmenes, y teníamos que saberlo de memoria. Y los mayores enseñábamos a los pequeños. Si había un rato libre, al que iba más atrasado se le ayudaba. Hacían pruebas o controles para comprobar si habíamos estudiado, y al que no estudiaba se le decía que lo hiciera, pero no había exámenes y notas como ahora.

Nos juntábamos unos diez o quince niños. Él llevaba una carpetita por alumno, para hacer seguimiento. No había maldad ninguna, y nos tratábamos con cariño.

Si un día tocaba hacer redacciones, nos íbamos al campo. “Tú tienes que escribir sobre la montaña aquella; tú, sobre esa casa”. Eso era precioso. A mí me encantaba. El día que tocaba redacción, disfrutaba.

Un día tuvimos que buscar una muestra de cada planta. Una palma, una pita… Otro día se trataba de recoger flores diferentes patio por patio, en un cubo. Fue alucinante: al reunirnos fuimos diciendo los nombres: “esto es nomedejesola, esto es un geranio…”, y entre todos elaboramos un mural. Aquello debía de haberse conservado como oro en paño, pero un día de lluvia se mojó y se estropeó.

La persona

– Carmen Jiménez

Sus padres nacieron en El Chaparral. Cuando se casó, su madre se trasladó a El Catalino, donde vivían los abuelos paternos. Allí nació ella en 1959. Es la quinta de seis hermanos.

Tenían un huerto con frutales, cosechaban grano y legumbres y tenían cabras. Algunos productos de la huerta y del ganado los intercambiaban por pescado, café o azúcar.

Con cuatro meses enfermó de poliomielitis. Vivió en el campo hasta los 20 años, participando de los trabajos de la casa, agricultura y ganadería.

Sacó el Graduado Escolar. Se casó en 1987 y tiene una hija. Trabaja vendiendo lotería de la ONCE. Le gusta muco leer y está sacando el carné de conducir.

Testimonio recogido en 2012

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