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Ayudó a su maestro cuando éste fue anciano

El testimonio

– Ayudó a su maestro (Jerónimo Rodríguez) cuando éste fue anciano. Él volvió a su pueblo en busca de su familia.

Jerónimo había trabajado en el campo, pero mayormente se dedicaba a dar clases. Él contaba que sus padres eran trabajadores, y hablaba de que había estudiado en el colegio de su pueblo, que no sé si era Jimena o San Pablo de Buceite. Tenía dos hermanas. Había perdido el contacto con ellas, y no sabía si vivían o si no vivían. Yo recuerdo que nos enseñaba a nosotros sus fotos, con unos trajes antiguos largos muy bonitos. Pero entonces él no sabía nada de ellas.

Cuando él ya no podía caminar bien entró en el Asilo de Tarifa. Hacia 1972 nos vinimos nosotros a Tarifa, a la vera de la Puerta de Jerez, porque yo quería que mi hijo Juan fuera al colegio y no llegaba el autobús a recogerlo.

Mi padre le daba clases a mi hijo Juan por las noches, y cuando él entró en el colegio Guzmán, ya sabía hasta la tabla de multiplicar. Lo pusieron en párvulos, y venía diciendo, “mamá, mañana no voy a la escuela, porque la señorita me pone a hacer palitos y ceritos”. Él la demostró que sabía poner su nombre y hacer cuentas, y la señorita le dijo, “niño, ¿esto quién te lo ha enseñado?”. “Mi abuelo”. Ella habló con el director y lo pasaron a primero. Y como también sabía todas las cosas de primero, lo pasaron a segundo.

Cuando nos vinimos a Tarifa, todos los días venía Jerónimo a la casa. Traía una hoja de un tebeo, para regalarle a mi hijo. El pobre no tenía para comprarse ni un cigarrito, y yo siempre le daba lo que podía, porque tampoco tenía mucho. Y si era por la mañana le echábamos café.

El pobrecito no tenía a nadie. Ya por último casi no venía a la casa, porque no podía caminar. Poco antes de morir, un día nos dijo, “voy a ir a mi pueblo”. Como él no tenía dinero, todos los conocidos que pudimos le dimos algo: mi madre, mi tía… Y una prima mía y yo le arreglamos unos bocadillos.

Volvió del viaje y por lo visto no había encontrado a nadie. Le dijeron que sus hermanas habían muerto, y de los que quedaban, no conocía a nadie. Al poco tempo de volver murió: parece como si él lo hubiese sabido y hubiese ido a despedirse de su pueblo.

La persona

– Juana Iglesias Muñoz

Nació en Tarifa en 1941 y se crió en el cortijo de La Tabla. Tiene un hermano cinco años menor que ella. Sus padres tenían ganado y sembraban trigo y habas.

Se casó en 1972 y poco después se trasladó a Tarifa. Como su marido tenía ganado, ella vendía la leche por las casas de Tarifa.

Testimonio recogido en 2012.

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