You are here
Home > Testimonios > Aprender >

Aprendió con la maestros de campo Iluminado y Manuel Sánchez

El testimonio

– Aprendió con varios maestros de campo; entre ellos Iluminado y Manuel Sánchez. Su tía aprendió con el maestro Wenceslao.

Rafaela Escribano, viuda de uno de los arrendadores, nos dejó para dar las clases un salón grandísimo que usaba de comedor. Aquí enseñó un hombre llamado Iluminado, que creo que venía de El Almarchal. También era mayorcito, estaba viudo y tenía dos hijas, Iluminada y Juli.

Después de la guerra, yo tendría 12 años, vino Manuel Sánchez. Este tenía bastante formación y estábamos muy contentos con él. Ya íbamos mejorando en la ortografía, y nos enseñó la doctrina cristiana.

Él venía de Zaragoza y vivía en una casita de Betín (Monte Betis). Pasado el tiempo se enamoró de una muchacha ya mayor, prima hermana de mi madre, Francisca Trujillo Pelayo. Se fueron a Tarifa a vivir y tuvieron tres hijos, dos hembras y un varón. Después marcharon fuera de Tarifa. Manuel fue mi último maestro, porque ya éramos mayores y había que dedicarse la trabajo.

A mi tía Juana Trujillo Canas, que vivía en Betis, cuando era ya una mocita mayor, le dio clases un maestro llamado Wenceslao, que había sido prisionero. Ella estaba loquita con él y le guarda mucho cariño, porque había aprendido a leer, escribir, de cuentas y de todo. También era practicante, o sea, que ponía inyecciones. Wenceslao era un hombre joven y soltero. No volvimos a saber de él ni se le conoció familia.

A mí me gusta mucho leer, y estoy leyendo más que cuando era joven. Ahora estoy leyendo tres libros, que me ha regalado mi hija. Tengo familia que no sabe escribir ni leer, ni de cuentas ni nada. Yo estoy contenta de que mi padre se haya sacrificado para que tuviéramos maestro, sin poder.

La persona

– Camila Jiménez Trujillo

Nació en 1927 y se crió en el cortijo de Las Piñas (Tarifa), de Mariano Moreno de Guerra. Su padre trabajaba con los arrendadores del cortijo como porquero.

Los siete hermanos (mujeres y hombres) ayudaban a su padre, criaban cabras, gallinas y pavos y atendían el huerto. Las mujeres también lavaban cosían y planchaban por encargo.

Vendían alimentos a los soldados del campamento militar de Las Moscas y a los prisioneros republicanos que en los años 40 trabajaban en Bolonia.

En 1955 se casó y se trasladó a Tahivilla, donde su marido trabajaba una parcela de tierra.

Ofreció su testimonio en 2012.

Deja un comentario

Top