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La escuela de Los Bohórquez y el maestro Lorenzo Vázquez Zardain

El testimonio

– Aprendió con el maestro Lorenzo Vázquez Zardain en la escuela del cortijo de Los Bohórquez

A inicios de los años 50 don Lorenzo empezó a enseñar en la escuela de San Francisco Javier, dentro de la finca de los Bohórquez, frente a su cortijo.

La señora de Los Bohorquez encargó la construcción del edificio de la escuela y de la casa contigua donde vivió don Lorenzo, compró el mobiliario (las bancas con tinteros, la pizarra grande…) y se ocupaba de que tuviéramos cuadernos, lápices, gomas y libros. Se trataba de una obra de caridad propia de los señoritos en aquellos tiempos. La escuela tuvo ese nombre porque a la señora se la había muerto un hijo llamado Francisco Javier.

Contrataron a don Lorenzo porque era el modo de atraer a sus alumnos, con quienes tenía mucha confianza: llevaba tiempo enseñándolos y conocía a sus padres. A la escuela asistíamos unos veintitantos niños y niñas de seis o siete años para arriba. Algunos niños tenían que caminar de seis a ocho kilómetros, sin la compañía de adultos. Los Carpinter eran los que vivían más lejos, después estaban los Morales, con quienes se juntaban en su recorrido, luego nos sumábamos los Salado. Por el lado opuesto llegaban los Reina y los Casas.

Como había clases por la mañana y por la tarde, muchos traían la comida y se quedaban allí a mediodía. Nosotros estábamos cerca, y volvíamos a comer a casa. Para no desatender a los animales, nos turnábamos entre los hermanos: los que iban un día a la escuela, al día siguiente guardaban los animales, y viceversa. Los días de invierno en que amanecía muy cerrado, no podíamos ir.

Don Lorenzo nos agrupaba en las bancas por niveles, los que sabían más delante. Nos ponía tareas diferenciadas y con frecuencia, cuando los mayores acabábamos nuestra tarea nos encargábamos de ayudar a los pequeños.

Cuando estaba en este colegio, la señora nos ofreció a varios de nosotros la posibilidad de estudiar en un seminario de Logroño. Ella se hacía cargo de los costes. Los beneficiados o becados éramos un hermano mío, un niño de apellido Pelayo y yo. Entonces era frecuente optar por estas becas en colegios religioso, hasta aprender lo necesario, aunque no se deseara ser cura. Por eso muchos se descolgaban antes de acabar. Pero a nuestro padres, con su mentalidad, les pareció que eso suponía alejarnos demasiado del hogar y no lo aceptaron.

La escuela no funcionó muchos años. Lorenzo salió de allí hacia 1955 o antes, no sé por qué motivo, y trajeron a una maestra. Pero ya no asistían tantos niños. La escuela se cerró y el edificio se fue deteriorando.

La última vez que supe de Lorenzo fue hacia 1965 ó 1966. Trabajaba en una escuela en la barriada de La Bajadilla de Algeciras.

La persona

– Manolo Salado

Nació en 1939. Eran ocho hermanos. Su familia vivía en la Venta de Retín (en el cruce de la carretera de Cádiz hacia Barbate). Su padre llevaba la venta, era tratante de ganado, y criaban animales.

Vive en Sevilla.

Testimonio recogido en 2012.

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