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Leonor Alba enseñó en una escuela particular; a adultos y a niños con dificultades

El testimonio

– Tuvo una escuela particular. Dio clases de costura y enseñó a adultos, a los hijos de un cacique local y a niños de la Escuela Pública con más dificultades.

A los doce años empecé a ayudar en la catequesis de la escuela nacional, a las niñas, con la maestra Teresa Carrillo. Y años después con Feliciana Rodríguez.

En esos años los niños no iban a la escuela, sino que andaban por ahí jugando, en La Caleta y en la playa. En la escuela nacional no había plazas bastantes y ellos no querían ir. Muchos se cambiaban de escuela cada poco tiempo, cuando les parecía. Aquí mucha gente les decía, «tu padre es patrón de barco, y no sabe leer ni escribir». O sea, que para tener ese oficio no hacía falta que estudiaran. Diego Piñero, que era marinero y llegó a tener una flota de barcos y una fábrica de pescado, no sabía hacer la «o» con un canuto. El contable de su fábrica, Enrique Díaz Alba, es quien le escribía todo.

Cuando tenía unos 22 años empecé a ayudar con los deberes a hijos de vecinos míos que eran militares. Y me decían los padres, «¿por qué no les das clases? ¡Pon una escuela!». Al final la puse en mi propia casa, y al mes de empezar ya tenía 40 niños. Era hacia el año 1944. Me pagaban una peseta cada día. Cuando faltaban, yo mandaba recado a sus padres, y éstos les regañaban.

Yo llegué a tener 105 niños a la vez. Los niños estaban en dos habitaciones muy grandes de la casa, y yo me sentaba en el patio, y les daba a todos. Había niños de todas las edades, y las niñas mayorcitas me ayudaban con los más pequeños.

Las madres me echaban allí a los más chicos, rabiando y pataleando porque no querían soltarse: «¡Que no se te escape!». Éstos se quedaban a cargo de mi tía. Y en todos los años que he trabajado, nunca me pasó un percance.

En los años sesenta ya venían pocos niños a mi escuela, porque la Escuela Nacional se hizo obligatoria. Entonces yo tenía cuarenta y pico años, me saqué el título para dar clases de bordado y costura, y me puse a dar clases de esto. Y a enseñar a personas mayores por la noche. Si yo tenía que faltar, mi tía se quedaba con ellos, dándoles lo principal de la cartilla.

A un varón de don Joaquín Núñez le he dado clase en su casa de la calle de La Luz. Estuve yendo cinco años: les bordaba y les daba clases a los niños con una enciclopedia didáctica, que se llamaba. Y cuando las maestras de la Escuela Nacional tenían un niño que era torpe, me lo mandaban a mi casa, porque decían que con tantos alumnos no tenían tiempo para atenderle. Una de ellas era doña Rosario Cubero.

La persona

– Leonor Alba Lozano.

Nació en 1921, en el Puerto de la Cruz (Tarifa). Su padre trabajaba como ganadero. Cuando tenía dos años su madre falleció al dar a luz un hijo. La recogió una tía suya en Tarifa y desde entonces tuvo poco contacto con su padre y hermanos.

Al empezar la guerra de 1936-1939 fue testigo de varios asesinatos.

Se formó con la ayuda de su tía y estudiando por su cuenta.

Siempre ha sido autónoma económicamente; no quiso casarse y no tuvo hijos. Actualmente vive en la Residencia de Ancianos de Tarifa.

Ofreció su testimonio en 2012.

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